2.12.12

De tripas corazón

Empecé a leer este libro en la sala de espera de un hospital, mientras a mi padre le extirpaban un tumor en el colon. Continué las horas posteriores, mientras él se recuperaba favorablemente en su cama inmaculada conectado a varios tubos. Lo terminé la segunda noche que él pasaba en el hospital, cuando me tocó quedarme de guardia. En esas plácidas y extrañas horas dónde el hospital se silencia, después de las ruidosas visitas diurnas, sentado en el suelo del pasillo, delante de la puerta de la habitación donde mi padre y su compañero de habitación ya dormían, viendo a las enfermeras del turno de noche controlar a sus dormidos pacientes, la finalicé por todo lo alto.

Y debo reconocer que ese ambiente antiséptico de paredes verdes y olor a desinfectante le va como anillo al dedo a “Historia de amor sin título”.



En mis clases de narrativa siempre enfatizo en que las historias deben tener un equilibrio entre la parte que ha creado el cerebro, la que ha surgido de las entrañas y la que ha dirigido el corazón. Es difícil poder poner ejemplos a esta teoría pero por fin he encontrado en una novela lo que siempre intento defender en la teoría.
Rubén Ochandiano, gran actor de nuestro cine y televisión, da un salto a la novela con una historia de gran calidad. En algunos momentos su novela me recuerda a mi primer intento narrativo pero envidio la madurez que él ya ha sabido plasmar tan temprano y que yo no fui capaz de darle a mis “Memorias (Sucias y hambrientas)”.

“Historia de amor sin título” antes de ser una novela era un guión de cine y eso se nota en cada capítulo/escena, dotando de ese ritmo visual tan agradecido en las novelas modernas. La banda sonora que suena fluye agradablemente, a un volumen muy acertado, y se incrusta en tu cerebro a lo largo de las semanas posteriores. Sin ir más lejos, yo no he podido evitar escuchar música francesa (el último cd de Benjamin Biolay, “Vengeance”) para escribir estas líneas mientras pienso que a mí también me gustaría vivir una pasional y cinematográfica historia de amor (dominada por la magnífica áurea de Amélie) con Louis Garrel cantándome al oído “Je n’aime que toi”.

Leed “Historia de amor sin título” y dejaros llevad por el amor surrealista y el misterio de lo cotidiano. Sin más. No os defraudará. Y a mí sólo me queda esperar su próxima novela, que debe haberla, por descontado, y mientras descubrir el talento de Rubén Ochandiano como director teatral (deseo ver pronto alguno de sus montajes) y como director de cine (no pienso perderme su debut en “Cuento de verano”).

-          ¿En qué piensas tú? – le pregunto yo. Y él me dice que solo está escuchando mi corazón.
-          Tu corazón dice mi nombre: Louis, Louis, Louis, Louis. Va muy deprisa.
El solo hecho de que él señale que mi corazón va muy deprisa me hace encogerme de pánico.
-          Me asusto.
-          Pues no te asustes.
-          Tengo miedo de que se pare, o de que se me rebele, se acelere en exceso y explote. No me fío de él. ¿Va más deprisa que el tuyo?
Louis no me responde. Salta de la cama y se enciende un cigarro.
-          Louis, ¿va más deprisa que el tuyo?
-          Yo no tengo corazón.
Rubén Ochandiano
Historia de amor sin título (2012)
Suma de Letras / Conspicua 

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